Thursday, March 20, 2014

Poseídos por el espíritu de los Juegos Olímpicos de Sochi, reivindicamos el valor del deporte femenino. Son muchas las campeonas que reclaman su lugar desde las todopoderosas cuentas de Instagram, que no solo sirven para entretener al personal, sino que también ayudan a la consecución de potentes patricinadores. Allá vamos con once mujeres cuyas cuentas, en la red social de las imágenes, no debes perder de vista.
1. Stephanie Rice. Australia, 1988. Natación
Triple medallista de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín, la australiana utiliza Instagram para promover una vida saludable a base de ensaladitas. Retrata su propio cuerpo, al tiempo que las huellas de una vida saludable.
Este es su frigorífico:
2. McKayla Maroney. EE UU, 1995. Gimnasia deportiva La benjamina de la lista. Nacida en California en 1995, tiene más de 500.000 seguidores en Instagram. Medalla de oro por equipos y de plata en potro, fue al recoger este reconocimiento cuando su cara de desgana (bautizada como McKayla is not impressed) la convirtió en una celebridad vía meme (fenómeno de difusión en Internet). Es la reina de los selfies.
3. Silje Norendal. Noruega, 1993. Snowboard
Participante en los juegos de Sochi que se celebran estos días, donde ha quedado undécima en la disciplina de slopestyle. Se trata, sin duda, de una decepción, pues venía de arrasar en los X Games. En Instagram demuestra que, además de la nieve, le gustan las galletas.
4. Leryn Franco. Paraguay, 1982. Lanzamiento de jabalina
Gracias a su participación en los Juegos Olímpicos de Londres, la jabalina se convirtió en uno de nuestros deportes favoritos. Sports Illustrated (la revista que ahora ilustra portadas con Barbie en traje de baño) la fichó para su mítico número de verano en 2011. Antes, se había presentado a Miss Universo. En su cuenta le gusta mostrarse haciendo pesas.
5. Sara Galimberti. Italia, 1991. Media distancia
Esta antigua Miss Lombardía 2009, no ha tenido tanta suerte sobre el tartán como sobre la pasarela: fue incapaz de clasificarse para los Juegos Olímpicos de Londres. Eso ha provocado que no tenga perfil en la Wikipedia, pero en Instagram, arrasa.
6. Michelle Jenneke. Australia, 1993. Vallista
Todavía corría con las peques y ya era tremendamente popular por su famoso y  baile de calentamiento, que se convirtió en viral tras quedar registrado en los Mundiales Junior de Barcelona 2012. Al año siguiente, lució palmito (también) en Sports Illustrated. Su carrera no ha hecho nada más. No le quitaremos ojo…
7. Ellen Hoog. Holanda, 1986. Hockey sobre hierba
Doble campeona olímpica, triple campeona europea y campeona del mundo: Ellen Hoog es la Maradona del hockey sobre hierba… solo que más guapa, como salta a la vista. Se mueve con tanta soltura en un terreno de juego con un stick como sin él en la pasarela.
8. Laure Boulleau. Francia, 1986. Fútbol.
Sí, el fútbol femenino existe. Y de vestuario en vestuario, hemos decidido recalar en el del equipo nacional de fútbol de Francia. Un once en el que se encuentran la lánguida Corinne Franco, o la tropical Marie Laure Délie y que lidera la pequeña Laure, que con su 160 cm se ha convertido en una pateadora de cuidado e imagen de la marca Nike.
9. Sydney Leroux. EE UU, 1990. Fútbol
Ariete de los Boston Breakers e integrante de la selección nacional de EE UU, su tatuaje es uno de los más célebres del fútbol femenino. Sus selfies causan furor.
10. Ivana Nesovic. Serbia, 1988. Voleibol
Es un claro ejemplo del estado actual del deporte femenino. Estrella en su país, Ivana ha tenido que emigrar hacia las mucho mejor remuneradas ligas asiáticas. Mientras jugaba en Corea del Sur y Japón se convirtió en una fashion victim, de lo que da buena muestra su cuenta. Rezuma fortaleza.
11. Allison Stokke. EE UU, 1989. Saltadora de pértiga
La perfecta chica de California… si no fuera porque es morena. Practica uno de los deportes más difíciles que existen. Tanta concentración requiere el salto de pértiga que, según asegura la propia Allison, no tenía ni idea de la legión de fans que acumulaba en Internet hasta que un día se googleó… Para su sorpresa, la web estaba llena de imágenes suyas compitiendo, lo que la llevó a protestar reclamando su intimidad y convertirse, automáticamente, en una celebrity mundial. Arriba, una foto suya en un campeonato de atletismo al aire libre.
No hay más que darse una vuelta por Londres para darse cuenta de que es una ciudad manifiestamente multicultural. Un crisol que atrae a diferentes razas, culturas y costumbres. Esta diversidad, evidente en la calle, no se refleja en su pasarela. Mientras se desarrollaba la semana de la moda de Londres, que finalizó el martes, varios profesionales de la moda han denunciado racismo en el sector...
The Sunday Times recoge las acusaciones de varias modelos negras que fueron expulsadas de castings a petición de los propios modistos. Betty Adewole, imagen de la línea cosmética de Tom Ford, describe cómo una diseñadora que desfila en Londres informó en plena selección que no quería chicas negras y tuvo que marcharse en el acto. “Fue delante de mí y ni siquiera me miró a la cara”, declaró al diario la modelo británico-nigeriana. Las maniquíes no son las únicas que sufren este tipo discriminación. Un ejecutivo con experiencia en marcas importantes asegura que fue despachado del proceso de selección para los desfiles esta temporada en el que colaboraba al sugerir que era excesivamente blanco.
La actriz de 12 años de esclavitud Lupita Nyong'o está siendo una de las mejores embajadoras del diseño contemporáneo en la alfombra roja, un hecho ante el que la industria se muestra impermeable. Y es que la moda, tan pendiente de lo que pasa en la sociedad para algunos asuntos, se está quedando atrás como espejo de la diversidad.
Este comportamiento discriminatorio resulta chocante en el seno de una sociedad progresivamente mezclada como la británica, en la que el porcentaje de niños menores de cinco años de raza mixta (nacidos de padres de dos etnias diferentes) ha crecido en la última década hasta un 6% del total. Una cifra similar a la de EE UU, un país con una mayor población no blanca. Para más énfasis, varias de las modelos británicas con más éxito son de raza negra, como la top Naomi Campbell, Jourdan Dunn y Malaika Firth, imagen de Prada.
Las dos primeras se han pronunciado públicamente sobre la exclusión de las minorías en la industria. El año pasado, Campbell puso en marcha una campaña prodiversidad junto a la legendaria modelo y esposa de David Bowie, Iman. La londinense envió una carta abierta a conocidos diseñadores entre los que se encuentran Calvin Klein, Victoria Beckham Chanel, Armani, Gucci, Roberto Cavalli y Marc Jacobs instando a emplear más maniquíes negras.
No conforme con la misiva, Campbell llamó personalmente a su amiga Victoria Beckham para reprocharle la uniformidad étnica de sus presentaciones. Dunn ha utilizado las redes sociales para protestar por el trato que ha recibido por su color de piel y confesado que otras compañeras callan por temor a repercusiones. “Los que controlan la industria mantienen que si incluyes un rostro negro en una revista, no venderá. Pero no hay pruebas que lo sostengan”, ha declarado.
El organismo regulador de la moda británica, el British Fashion Council, se ha tomado en serio estas alegaciones y urgió a los diseñadores una mayor diversidad de casting. Por ahora, los que parecen haber respondido con más fuerza son grandes firmas como Tom Ford o Burberry, que en su último desfile en Londres incluyó a nueve modelos no caucásicas: entre ellas Neelam Johal, la primera modelo india que trabaja para la marca.
Nueva York, o Sao Paulo han sido objeto de denuncias similares. En el caso de la ciudad brasileña se impuso una cuota del 10% de modelos negras o indígenas, una porción que los activistas no consideran suficiente, ya que la mitad de la población del país no es blanca.

Excéntrico no es la primera palabra con la que uno describiría a Giorgio Armani. Quizá tampoco la segunda, ni siquiera la tercera. Aunque vistiera a Lady Gaga, en el imaginario común, el de Piacenza ha sido, en los más de cuarenta años que lleva en el mundo de la moda, lo que se podría definir como una apuesta segura. Lo repite su amiga y coetánea Sophia Loren cada vez que le preguntan por los diseños de Armani que luce en las alfombras rojas: “Con él nunca fallo”.
“Él otorgó importancia a la actitud. Se centra en lo esencial, no es minimalista, pero sí piensa en sustraer en vez de en añadir. No sé si es un artista, pero sí un autor que creó un estilo y nuevas soluciones”. Así define Renata Molho, veterana cronista de moda y autora del libro Being Armani, el hacer del italiano.
“La elegancia no implica llamar la atención, sino ser recordado”, resume el propio creador. No, Armani no tiene en su currículo las estridencias de Gianni Versace, los desvaríos de Marc Jacobs o los excesos de John Galliano. Su vida, profesional y personal, ha estado marcada, en general, por un dominio que extiende a toda su compañía, la que fundó en 1975 con 39 años. Hoy su emporio ingresa 1.800 millones de euros anuales e incluye, entre otros, perfumes, maquillaje, complementos y hoteles. “Algunos creen que no soy extrovertido, que soy antisocial, un ingrato porque por trabajar dejo de pasar tiempo con otras personas. El trabajo que hago es tiránico y exige todo lo que tienes, te absorbe por completo”, explicaba Armani en el libro de Molho.